Elecciones y Democracia en Nicaragua.

Managua, 10 nov (PL)   El suceso más trascendente en Nicaragua durante la semana que concluye hoy fue el respaldo electoral del pueblo al proyecto de desarrollo nacional cristiano, socialista y solidario enarbolado por el Frente Sandinista.

Más de dos millones de ciudadanos acudieron a las urnas; con su participación dieron un no a la ruta de la violencia y un rotundo sí a la ruta de la paz, a fin de seguir unidos en el trabajo para más bienestar de todas las familias, evaluó el presidente Daniel Ortega.

La alianza del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) logró el 67,9 por ciento de los sufragios válidos, para ganar 134 de las 153 alcaldías del país, confirmó el Consejo Supremo Electoral.

Para el Partido Liberal Independiente fue el 21,1 por ciento de los votos, mientras el Liberal Constitucionalista logró el 8,5, el Conservador 0,6; Alianza Liberal Nicaragüense 0,9 y Alianza por la República el 0,3.

Ortega apreció la actitud patriótica de todas las fuerzas contendientes, pues no aceptaron los cantos de sirena que llamaban a boicotear las elecciones y seguir el camino de la violencia.

Nuestro compromiso, resumió, es acrecentar el trabajo, multiplicar la vocación de servicio porque el pueblo no puede ser defraudado: “el pueblo votó por el pueblo”.

Lograda la victoria, el gobernante y líder del FSLN reiteró el llamado a todos los actores políticos, sociales y económicos a unir esfuerzos, sin distinción alguna, para avanzar en el combate contra la pobreza y el analfabetismo, en el desarrollo material y cultural de la nación.

En términos de democracia electoral, lo ocurrido este 4 de noviembre con la selección de alcaldes, vicealcaldes y concejales en Nicaragua puede considerarse un excelente ejercicio por la oportunidad que tuvieron todas las fuerzas políticas de promover a sus candidatos.

Visto el proceso en sí mismo, hay dos rasgos fundamentales: el incremento del número de concejales y la mayor presencia de las mujeres, quienes constituyen el 50 por ciento de los electos, con igualdad también en cada uno de los cargos en disputa.

Estos hechos inéditos responden a modificaciones en las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) a partir de sendas iniciativas presentadas por Ortega en nombre del Ejecutivo sandinista.

Con la ampliación de los Concejos Municipales y la presencia de las mujeres se busca incrementar la participación del pueblo en el gobierno y restituir derechos, en aras de contribuir al mismo tiempo al diseño y puesta en práctica de planes y programas estatales con enfoques de género.

Pero el proceso de democratización trasciende el ejercicio electoral. Bajo el gobierno del FSLN se están produciendo importantes cambios en la manera de concebir la intervención de los ciudadanos en el ejercicio del poder.

Sobresale la experiencia de los gabinetes interinstitucionales; es decir, de los ministros en examen cara a cara con la gente, en barrios y comarcas rurales, de los asuntos de interés público.

Similar trascendencia tiene el activismo de la juventud organizada en tareas que van desde asistir a familias pobres, construir viviendas, alfabetizar, ofrecer repasos a alumnos con desventaja académica, promover opciones recreativas y deportivas hasta el cuidado del medio ambiente.

Es un interesante proceso de aprendizaje colectivo, con otro rotundo apoyo, según lo confirmaron las elecciones municipales del 4 de noviembre.

Pese a todo esto,  pienso que Nicaragua marcha a paso más lento que otras naciones del ámbito del ALBA. El Sandinismo ya ha tenido bastante tiempo en el poder para no hablar de alfabetización, por ejemplo.  Daniel y sus allegados deberían ir pensando en que la juventud coja el testigo de Sandino.  Es una simple apreciación,  sin ánimo de injerencia y que debido a mi lejanía puede estar equivocada,  pero  yo opino sobre las propias afirmaciones del régimen,  no sobre las de los opositores.

¡Salud Nicaragua!

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