Un gran artículo de Carlos Carnicero.

Carlos Carnicero es un columnista,  evidentemente excelente,  pero que no ha sido uno de mis preferidos.  En el Flagelo no censuramos a nadie,  nunca lo hice con ningún comentario,  tampoco a ninguna negra gorda llamada Venezuela que defendía a su perro Huguito.   Eso lo hacen los políticos y los medios privados.  Yo aguanto lo que me caiga e intento refutarlo.

Por eso algunas cosas que  oigo en Veo  me parecen compatibles con las que leo en Público o en Aporrea.  Yo no cierro las puertas a nadie porque sea de una ideología o de una tendencia determinada.  Yo sólo cierro la puerta a lo que pienso que es la sinrazón, a la estupidez o al utilitarismo.

Pues,  Carlos Carnicero, en su Blog,  ha escrito un post magnífico.  Tanto me ha gustado,  que os lo transcribo en lugar de poner el enlace.  Tiene mucha razón en todo.

José Luis Rodríguez Zapatero tiene un vocabulario escaso y unas frases manidas que repite con frecuencia. No es un intelectual ni un estratega: su terreno de juego es el área donde hace faltas sin que las note el árbitro y elimina a los defensas que le incomodan su juego. Su pasado en las juventudes socialistas de León y en el PSOE está lleno de las tumbas de sus adversarios políticos. De la vieja “nueva vía” no queda casi nadie como testigo de sus orígenes.

No es orador: mueve las manos como un recurso impostado para llamar la atención pero sus expresiones son la exaltación continua de la obviedad.

“Voy a hacer lo mejor para España…” “Me voy a dejar la piel en el empeño…” Pero raramente explica un proyecto con detalle.

Su especialidad son publicitar leyes en el momento que se promulgan y no preocuparse más de ella. Sus mejores asesores son vendedores de humo y el humo se desplaza en cuanto hay un ligero viento en el aire.

El Ministerio de Igualdad era pieza angular de su gobierno en el mes de marzo y lo suspendió sin explicaciones en septiembre. Colocó a las piezas que le sobraban no en función de su idoneidad sino para darles una salida personal.

Leire Pajín, que no podía seguir como secretaria de organización –el cargo más efímero en la historia del PSOE, a Sanidad y Trinidad Jiménez a Exteriores.

La Ley de Memoria Histórica era esencial en este periodo de sesiones y nunca se desarrolló el reglamento que hiciera posible el cumplimiento de sus fines. Y así hasta la saciedad.

La Ley de Libertad Religiosa, promesa electoral no verá la luz. La Iglesia no ha perdido uno sólo de sus privilegios.

El Estatuto de Cataluña que con tanto entusiasmo apoyó a iniciativa de un Pascual Maragall que segura y lamentablemente ya estaba enfermo, ha dejado esa comunidad autónoma como un campo de minas y a su partido hermano el PSC en la unidad de cuidados intensivos.

La negociación con ETA estuvo hecha desde el voluntarismo y la improvisación. Se fió de unos asesores incompetentes. No reaccionó cuando ETA robó cuatrocientas pistolas en Francia en medio de la anunciada tregua. Y sus declaraciones la víspera del atentado de la T-4 pasarán a la historia como un ejercicio mágico de estulticia. Solamente una formidable eficacia policial posterior al final de la negociación y la labor de Francia han revertido el desastre de la negociación con ETA y han convertido a la lucha antiterrorista en uno de los mejores activos de su gobierno.

Negó la crisis hasta que se derrumbaron los muros de Jericó: practicó la demagogia de la obligación imposible: “mi compromiso es que los débiles no pagarán los efectos de esta crisis”.

Hubo un tiempo en que su dialéctica contra los poderosos era recurrente. Los poderosos nunca han estado más protegidos que en la España de José Luis Rodríguez Zapatero. Es cierto que de la derecha del PP no podemos esperar más que menos piedad con los débiles: pero, ¿es ya un señuelo suficiente para movilizar al electorado de izquierda o la decepción está instalada sin tener en cuenta el apellido del sucesor de Zapatero?

Por si alguien tenía dudas sobre el autoritarismo de los partidos de izquierda, que tienen poco que envidiar al PP en este sentido, la radiografía de la sucesión de Zapatero es un ejemplo más del desprecio que siente este líder por los militantes de su partido.

El pasado fin de semana dijo que el problema de España no era si él se presentaba a la reelección o no. Y pidió que ese tema no se tratará en medio de las más ridículas hipérboles de su coro de tiralevitas y lisonjeros: “¡Zapatero es el mejor dirigente socialista de la historia del PSOE¡”

El ridículo llegó al extremo de que bien se podía pensar de que estaba celebrándose un funeral, porque sabido que en España sólo se habla así de los muertos, y no de todos. Al día siguiente incumplió su propia norma en una entrevista televisiva. Sus complicidades con Pedro J. Ramírez son obscenas hasta el vómito.

Ahora vayamos al proceso de sucesión. Hay comentarios en off the record de los principales líderes políticos. Barajan soluciones como si el partido fuera propiedad de ellos. No tienen presente que supuestamente el PSOE es una organización democrática y que la palabra final la tienen los militantes constituidos orgánicamente en propietarios de la soberanía del partido.

Hace tiempo que el PSOE fue abducido por La Moncloa. Es previsible que independientemente de lo mediocre, predemocrático y oportunista que es Mariano Rajoy, consiga, sin hacer nada, que al PSOE haya que buscarlo con microscopio electrónico.

Pero hay algunas cosas que no podemos perder de vista para recuperar una cierta autoestima de una izquierda destruida en sus principios.

Primera: el partido que fundó Pablo Iglesias está lleno de páginas gloriosas en la que muchos de sus militantes de base dieron su vida por el partido y se dejaron todo para conseguir los sueños de un mundo mejor.

Segunda: muchos de esos militantes siguen vivos. Son seres anónimos dispuestos a luchar por lo que creen y a los que se les ha robado la posibilidad de participar en el partido y en sus procesos internos.

Tercero: hay muchos socialistas mediocres que han hecho de la política una profesión y a los que va a haber que desprender de la organización con agua caliente.

Cuarto: es muy difícil una transformación del partido en una organización democrática, dinámica, volcada en la sociedad, sin compromisos con los poderosos y dispuesta a crear un pensamiento progresista y socialdemócrata para la era de las tecnologías y la globalización. Pero esa transformación profunda es la única posibilidad de supervivencia que tiene el socialismo.

Aprendamos de los tunecinos y los egipcios: las redes sociales son mágicas porque no admiten el control de los poderosos.

Empecemos a activar los mecanismos de una revuelta democrática que devuelva el control de los partidos (incluyo a Izquierda Unida y a sus disputas entre el PCE y el resto de la organización) a los militantes y proyecte su acción en la sociedad.

Todavía queda esperanza. No puede ser que los partidos de izquierda estén en manos de los dirigentes de los partidos que tienen las herramientas para manejar las organizaciones como si fueran mecanismos de relojería inaccesibles para el resto de los militantes.

Y, ¿a ustedes que les parece?  Creo que este artículo es un punto de partida para dialogar……. o discutir como ustedes prefieran.

Guanarteme

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