120.000 menores canarios en riesgo de pobreza.

LA MARESÍA > CÁNDIDA CARBALLO>DIARIO DE AVISOS.

Casi siempre las estadísticas son frías. Desgranan números como mazazos que reflejan una sociedad que nos negamos a ver. Estamos aún en el embeleso que nos dejaron los años de bonanza, en los que el espejismo ególatra de muchos de nosotros nos hizo indolentes. Teníamos el estómago lleno y la ilusión de las parejas de recién casados que creen que su amor es para siempre. Pero la realidad es tozuda. Y nos está devolviendo a la tierra. Desde 2007, cuando la crisis económica internacional nos cogió por sorpresa, han pasado tres años y todos hemos vuelto a tiempos de estrecheces. Pero la bolsa de pobreza del Archipiélago siempre ha sido inmensa, incluso en los años del boom de la construcción y cuando la llegada de turistas se elevaba cada año para lograr un récord de visitantes. El problema no nace ahora, sino que existe desde hace mucho tiempo. Canarias tiene la desagradable primacía estatal en el número de familias monoparentales, también es una de las primeras comunidades españolas en fracaso escolar y llevamos décadas mirando para otro lado, mientras los salarios de los canarios son los más bajos del país. Amén de padecer, por nuestro bello y peculiar territorio, mayores problemas de aislamiento que otras zonas del Reino de España. Esto ya estaba, igual que el desempleo, que siempre fue en las Islas siete puntos por encima de la media nacional y, por supuesto, a la cabeza de los de la Unión Europea.

Así que a nuestros males sociales endémicos y la escasa responsabilidad con que sucesivos gobiernos regionales han regido este Archipiélago, debemos el triste dato que hizo público ayer el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Nada menos que cuatro de cada diez menores canarios se encuentra en riesgo de pobreza y, por tanto, en riesgo de exclusión social. Si uno lo piensa bien, la cifra es escalofriante, pero no nos puede extrañar. Cáritas lleva décadas alertando de que la pobreza en las Islas tiene cada vez más rostro de mujer y son precisamente las mujeres las que tienen en solitario las riendas de muchos hogares canarios. Luego, si las madres son pobres y sus ingresos son los únicos que entran en la casa, qué esperábamos de los hijos. Pero es que, a este dato, hay que añadir que el desempleo ha rondado y, desgraciadamente volverá a rondar, el 30% de la población activa. En las familias con todos sus miembros en paro, el 16% de las del Archipiélago, cómo vivirán los niños. Pues pobremente. Seguramente, algunas voces se alzarán para tachar de exageración el dato de que 120.000 menores canarios están en riesgo de pobreza. Negar es más fácil que afrontar un fracaso colectivo de este calibre. A los ciudadanos de a pie que hemos tenido el privilegio de vivir de espalda a esta dura realidad social, nos toca ahora, más que nunca, ocuparnos de ella. Es el momento de comenzar a exigirnos solidaridad y también es el momento de levantar la voz y, desde luego, el voto, para que el Gobierno de Canarias no recorte ni un céntimo más a las ya exiguas prestaciones sociales que tanta falta hacen en muchísimos hogares canarios. Quizá sea más fácil cerrar los ojos, pues en la ignorancia se vive más feliz, pero no nos podemos permitir el lujo de que nuestros niños crezcan en la miseria.Y si lo hacemos es que estamos apostando por convertirnos en una sociedad de miserables.

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